DESPUÉS DEL CORONAVIRUS.
Hoy
es 7 de junio de 2020. Parece que lo peor ha pasado, pero entendiendo por lo
peor, la crisis sanitaria. Ahora hay tiempo de analizar errores, de hacer
cálculos económicos a diario, de echar culpas y de llegar a la “nueva normalidad”.
Por
desgracia, también es tiempo de otras situaciones que no vemos tanto en las
noticias y que quedan más en las manos de los ciudadanos que en las manos de
los políticos. Todos los datos y estadísticas alertan de la situación de
pobreza extrema que sufrirán muchos ciudadanos en el mundo. A nivel nacional,
ya lo estamos viendo con las cifras que desde organizaciones como Cáritas o
Cruz Roja nos dan. Eso sí, no con la misma difusión que a muchos nos gustaría.
La
crisis económica derivada del COVID-19, golpea doblemente a muchas familias que
empezaban a recuperarse de la crisis económica del 2008; a familias que por
carecer de trabajos o de trabajos dignos viven en riesgo de exclusión social;
también, a familias humildes que de la noche a la mañana han visto como todos
sus miembros se quedan sin trabajo; a inmigrantes cuya situación ya no era
fácil; a niños que no han tenido acceso a la educación telemática por carecer
de medios; y a un largo etcétera.
Hace
unos días, escuchando una noticia en la que entrevistaban a personas en un
comedor social y en una cola para recoger comida de un banco de alimentos,
personas aparentemente de un nivel económico normal, concluí que el virus no
había atendido ni a razas, ni a posiciones sociales, ni al dinero que cada uno
tiene en su cuenta corriente. Personas que hace un par de meses llegaban a fin
de mes, ya no. Personas que para nada se hubiesen creído lo que viven
actualmente.
El
coronavirus nos ha dejado también estas situaciones. No las olvidemos entre el resto
de noticias. No nos dejemos influenciar por la “buena situación” que se respira
a nivel sanitario. Y tampoco la perdamos de vista entre noticias de cifras
económicas que en realidad no entendemos la mayoría. Centrémonos en las
personas. Cada uno en las que tenemos cerca. Seguro que hay un vecino, un
familiar, un amigo que necesite ayuda después del coronavirus. Estemos
pendientes de esto también. No olvidemos que nadie ha estado completamente a
salvo de las consecuencias del virus. Y sobre todo, pensemos que si él ha sido
capaz de atacarnos a todos sin distinción, sin distinción también deberíamos
ayudarnos para que la defensa fuera justa y proporcionada. Esa es mi conclusión y la humilde opinión de
este redactor.
Nacho Plaza Galiana